La semana pasada conté cómo jugaba al ajedrez contra un 286 en 1990 y cómo, en junio de 1998, Kaspárov inventó en León el ajedrez avanzado sentado delante de Fritz 5, el programa estrella de la alemana ChessBase. En aquella época, si querías el mejor ajedrez por ordenador, pasabas por caja.
Veintitrés años después, en 2021, los desarrolladores de un programa gratuito demandaron a esa misma ChessBase ante un tribunal de Múnich. La acusaban de vender como propio código que era suyo, que era libre y que cualquiera podía descargar. Y ganaron.
Entre una fecha y otra, el ajedrez por ordenador dio la vuelta por completo. Hoy el motor más fuerte del mundo no lo hace ninguna empresa, no cuesta nada y lo mejora gente que dona su tiempo y la potencia de sus ordenadores. Cuando lo leo, me acuerdo de Fidonet. En 1995 yo era CoSysop de EUI-CR BBS, con la dirección 2:341/100.2, y aquella red funcionaba porque muchos dejábamos nuestros equipos llamándose de madrugada para mover los mensajes de otros. Nadie cobraba. Funcionaba igual. (Lo conté con más detalle en mi etapa como sysop de una BBS de Fidonet.)
Las claves en 20 segundos
Stockfish, el motor de ajedrez más fuerte del mundo, es software libre bajo licencia GPL y lo crearon tres programadores europeos.
Cada mejora se prueba en miles de partidas jugadas en ordenadores de voluntarios antes de entrar en el código.
Cuando Google presentó AlphaZero en 2017, la comunidad respondió con Leela y con NNUE, una red neuronal pequeña nacida del shogi japonés que corre en cualquier portátil.
En 2022, ChessBase tuvo que reconocer ante un tribunal de Múnich que había incumplido la licencia de Stockfish.
Lichess, una organización francesa sin ánimo de lucro, sirve unos cinco millones de partidas al día, sin anuncios, desde servidores de OVH en Francia.
Un motor que no es de nadie
Stockfish nació en 2008 a partir de Glaurung, un motor libre que el noruego Tord Romstad había publicado en 2004. Con él lo desarrollaron el italiano Marco Costalba y el finlandés Joona Kiiski. Tres europeos, ninguna empresa detrás y una licencia, la GPL, que obliga a que cualquiera que lo distribuya entregue también el código.
Dieciocho años después, Stockfish es el motor más fuerte del mundo. La versión 19 salió el 5 de septiembre de 2026 y en la lista de referencia CCRL ronda los 3.650 puntos de Elo funcionando con solo cuatro núcleos. Para ponerlo en contexto: el mejor humano de la historia nunca ha llegado a 2.900.
Lo curioso es quién lo usa. Lichess lo ofrece gratis a todos sus usuarios, y Chess.com, la gran plataforma comercial, también lo integra en su análisis. Los programas de pago que dominaban el mercado en los noventa compiten hoy contra algo que cualquiera puede descargar, estudiar y mejorar. Es justo lo contrario de lo que pasa con el software que compran tantas administraciones, algo de lo que hablé hace poco a raíz de un buzón que se ha pagado diecisiete veces.
Miles de ordenadores que no son de nadie
El secreto de Stockfish no es un genio aislado. Es un método. En 2013, el programador Gary Linscott montó Fishtest, una plataforma de pruebas distribuida que el propio proyecto destacó como el gran cambio de la versión 3.
Funciona así: cualquiera puede proponer una mejora, pero solo entra en el código si demuestra, en miles de partidas jugadas en ordenadores de voluntarios, que hace al motor más fuerte. No vale la opinión de nadie ni el cargo de nadie. Vale la estadística. La inmensa mayoría de las ideas se descartan, y las pocas que superan la prueba suman unos pocos puntos de Elo cada una. Así, versión a versión, durante años.
Lichess usa la misma lógica para algo más cotidiano. Analizar una partida con un motor consume mucha más potencia que guardar las jugadas, así que el análisis lo hace fishnet, una red de voluntarios que ceden la CPU de sus portátiles o servidores para analizar las partidas de otros.
Es el mismo espíritu de los nodos de Fidonet que se llamaban de madrugada, solo que en lugar de mover mensajes de una BBS a otra, calculan variantes de ajedrez. Y demuestra algo que a veces se nos olvida en tecnología: una comunidad bien organizada puede tener más capacidad que una empresa.
Cuando llegó Google, y lo abierto respondió
En diciembre de 2017, DeepMind, el laboratorio de inteligencia artificial de Google, presentó AlphaZero. No le habían enseñado nada de ajedrez salvo las reglas: aprendió jugando millones de partidas contra sí mismo y después aplastó a Stockfish 8 en un encuentro de cien partidas. Parecía el final de los motores clásicos. Y era cerrado: ni código, ni red, ni forma de reproducirlo con hardware normal.
La comunidad no se quedó mirando. El 9 de enero de 2018, Gary Linscott, el mismo que había montado Fishtest, anunció Leela Chess Zero, una réplica abierta de la idea de AlphaZero entrenada con partidas generadas por voluntarios en sus propios equipos. En 2019 Leela ya ganaba la superfinal del campeonato de motores TCEC.
Pero el giro más bonito vino de Japón. En 2018, el programador Yu Nasu inventó NNUE para el shogi, el ajedrez japonés: una red neuronal pequeña que solo recalcula lo que cambia tras cada jugada, pensada para funcionar rápido en un procesador normal, sin las tarjetas especializadas que necesitaba Google. Otro programador japonés, Hisayori Noda, conocido como Nodchip, la llevó a Stockfish como prueba de concepto.
En septiembre de 2020 salió Stockfish 12 con NNUE, y frente a la versión anterior ganaba diez veces más pares de partidas de los que perdía. Desde 2023 Stockfish ya solo usa esa red. La gran idea de una de las mayores empresas del mundo fue absorbida, adaptada y superada por una comunidad abierta en menos de tres años, y además en un formato que cabe en cualquier portátil.
El día que el software libre demandó a ChessBase
En febrero de 2021, ChessBase lanzó Fat Fritz 2 como uno de sus productos estrella. Los equipos de Stockfish y de Leela no tardaron en denunciar públicamente que, por dentro, era básicamente Stockfish con cambios mínimos, vendido sin cumplir la licencia. Lo mismo señalaron de Houdini 6, otro motor que distribuía la empresa.
Interfaz de Chessbase mostrando la posición del juego Anderssen-Kieseritzky, 1851 después de la jugada 17 del negro.
En julio de 2021, Tord Romstad y Stéphane Nicolet, dos de los desarrolladores principales, presentaron una demanda en el tribunal regional de Múnich. No pidieron dinero. Pidieron que se cumpliera la licencia: que los clientes supieran que estaban usando Stockfish, que pudieran acceder al código y que ChessBase dejara de distribuirlo mientras no respetara esas condiciones. En la vista pública de julio de 2022, el juez confirmó que los autores podían retirar la licencia a quien la incumpliera.
El acuerdo llegó en noviembre de 2022. ChessBase reconoció que no había cumplido la GPL con Fat Fritz 2 y Houdini 6, se comprometió a no distribuir Stockfish durante un año, a publicar un aviso en sus webs y a dar crédito en el futuro. La Software Freedom Conservancy lo calificó de acuerdo histórico.
La ironía cierra el círculo con la entrega anterior. La empresa cuyo programa usó Kaspárov para inventar el ajedrez avanzado en León tuvo que reconocer, veinticuatro años después, que se había apoyado en el trabajo libre de otros sin respetar sus reglas.
Lichess: cinco millones de partidas al día con presupuesto de pyme
Lichess empezó en 2010 como proyecto personal del programador francés Thibault Duplessis. Hoy es una asociación sin ánimo de lucro registrada en Francia, de código abierto, sin anuncios y gratuita para todo el mundo. Los donantes no reciben ninguna ventaja, solo un pequeño icono junto a su nombre. Confieso que Bruno y yo jugamos casi siempre con tablero físico, y cuando tiramos de pantalla suele ser alguna partida en Duolingo o en Chess.com. Pero precisamente por eso me parece tan llamativo lo que ha conseguido Lichess.
Los números son difíciles de creer. Sirve en torno a cinco millones de partidas al día y guarda más de 12.000 millones en su base de datos. Según sus cuentas públicas, todo el proyecto, con servidores, sueldos y gastos, costaba unos 517.000 dólares al año en 2025. Eso sale a menos de tres centésimas de céntimo por partida.
Y aquí viene el detalle que me toca de cerca. Lichess no está en ningún hiperescalador estadounidense. Funciona sobre servidores dedicados de OVH en Francia. Lo hace porque es mucho más barato que montar lo mismo en una gran nube americana, y para una organización que vive de donaciones esa diferencia es la que permite seguir siendo gratis. Lo cuento con conocimiento de causa, porque en Stackscale nos dedicamos precisamente a esto: infraestructura cloud privada y servidores en centros de datos europeos, bajo jurisdicción europea. Ver a un proyecto como Lichess servir a millones de personas sin pasar por una gran nube americana es la mejor demostración de que este modelo funciona.
Tampoco es perfecto. Tener los servidores físicos en un único proveedor tiene sus riesgos, y Lichess los ha sufrido: en febrero de 2026 una incidencia en la infraestructura de OVH dejó tocados varios de sus servicios. Pero es una elección consciente, con sus pros y sus contras, hecha por un proyecto europeo con infraestructura europea. Es exactamente el tipo de ejemplo que echaba en falta cuando escribí sobre los intentos de Europa de ser soberana en tecnología.
Lo que el ajedrez le enseña al software público
Si juntas las piezas, el dibujo es claro. El mejor motor del mundo lo hicieron tres europeos y lo mantiene una comunidad abierta. Su mayor salto técnico vino de un programador japonés que publicó su idea. La plataforma más querida por los jugadores es una asociación francesa que funciona con donaciones sobre servidores franceses. Y cuando una empresa intentó quedarse con ese trabajo sin respetar las reglas, un tribunal alemán le dio la razón a la comunidad.
Nada de esto ha necesitado un gran plan europeo, ni un consorcio con doscientos socios, ni una subvención de miles de millones. Ha necesitado tres cosas: código abierto, reglas claras sobre cómo se comparte y una forma objetiva de decidir qué mejora entra y qué no.
Por eso me cuesta tanto entender que una administración pague varias veces el mismo software cerrado. El ajedrez lleva más de quince años demostrando que lo compartido puede ser lo mejor, no solo lo más barato. La pregunta incómoda es por qué lo que funciona en un tablero no lo aplicamos al software que pagamos entre todos.
La próxima semana cambio de tercio y paso de los motores a las personas. Los modelos de inteligencia artificial de los que todo el mundo habla también juegan al ajedrez, y lo hacen de una forma muy reveladora. Pero eso, y lo que he aprendido viendo a mi hijo superarme, lo dejo para la siguiente entrega.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el motor de ajedrez más fuerte del mundo? Stockfish. Es software libre bajo licencia GPL y su versión 19, de septiembre de 2026, ronda los 3.650 puntos de Elo en la lista CCRL con cuatro núcleos.
¿Stockfish es gratis? Sí. Se puede descargar gratis en stockfishchess.org y usar en cualquier programa compatible. Lichess y Chess.com también lo usan para el análisis de partidas.
¿Qué es NNUE? Una red neuronal pequeña y eficiente que solo recalcula lo que cambia tras cada jugada. La inventó Yu Nasu en 2018 para el shogi y Stockfish la incorporó en 2020.
¿Cómo se financia Lichess? Con donaciones. Es una asociación sin ánimo de lucro registrada en Francia, sin anuncios, y todas sus funciones son gratuitas para todos los usuarios.
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